I.
TITULO
“EL
PRINCIPE MAQUIAVELO”
- Tito Quiroz Gil.
- John Antony Ruiz Cueva
- Angela Stefany Rengifo Pérez
III.
ABSTRAC
The Machiavellian thought says, who aspire to the conquest and conservation
of political power must have sufficient knowledge to manipulate.
El
libro “El príncipe” Maquiavelo, enseña de cómo deben gobernar las personas que
se encuentren en cargos de un Estado, lleno de principios y consejos políticos.
Algunos
aspectos que se tienen que considerar son las formas de gobernar con dureza y
mucha lucha para lograr que un Estado llegue a cumplir los objetivos junto con
el pueblo, por este motivo se podría llegar a la conclusión de que los puntos
vistos en la obra son aplicables a la política actual. En nuestra opinión, las
épocas cambian pero no la metodología de Maquiavelo. Hoy en día se gobierna de
acuerdo a los criterios y a las conveniencias de los políticos actuales.
El príncipe
es un libro clásico de la ciencia política y es reconocido como uno de los
pilares del pensamiento político, también narra las costumbres de la época del
renacimiento y de la naturaleza del hombre.
Aunque
parezca que la definición de que si buscas llegar a una meta no hace falta
detenerse para pensar en los demás (el fin justica los medios) es una de las
ideas principales, sin embargo las enseñanzas de Maquiavelo van más allá de
este principio ya que abarca enseñanzas y filosofía del comportamiento del
hombre tanto como si está en el gobierno como si está en el pueblo.
V. CONTENIDO
Capítulo I
De las Distintas Clases de Principados y la Forma en que
se Adquieren
Todos los Estados,
todas las dominaciones que han ejercido y ejercen soberanía sobre los hombres,
fueron y son repúblicas o principados. Los principados son o hereditarios o
como miembros agregados al estado hereditario del príncipe que los adquiere, o
como mixtos.
Capitulo II
De los Principados Hereditarios
Es más fácil
conservar un Estado hereditario, acostumbrado a una dinastía, que uno nuevo, ya
que basta con no alterar el orden establecido por los príncipes anteriores, y
contemporizar después con los cambios que pueden producirse.
Capítulo III
De los Principados Mixtos
Los estados que al
adquirirse se agregan a uno más antiguo o son de la misma provincia, es muy
fácil conservarlos, sobre todo cuando no están acostumbrados a vivir libres, y
para afianzarse en el poder, basta con haber borrado de la línea al príncipe
que los gobernaba porque siempre que se respeten sus costumbres y las ventajas
de que gozaban permanecerán calmados.
Sólo con muchísima
dificultad podrá perderlo. Las colonias no cuestan, y son más fieles y entrañan
menos peligro; ya que los damnificados no pueden causar molestias, porque son
pobres y están aislados.
El príncipe que anexe
una provincia de costumbres, lengua y organización distintas a las de la suya,
debe también convertirse en paladín y defensor, ingeniarse para debilitar a los
de mayor poderío y cuidarse de que, bajo ningún pretexto, entre en su Estado un
extranjero tan poderoso como él.
Capítulo IV
¿Por qué el Reino de Darío, ocupado por Alejandro, no se
reveló contra los sucesores de éste, después de su muerte?.
Un príncipe elige de
entre sus siervos, todos los ministros que lo ayudarán a gobernar. O un
príncipe es asistido por nobles que, a la antigüedad de su linaje, deben la
posición que ocupan. Estos nobles tienen estados y súbditos propios, que los
reconocen por señores y les tienen natural inclinación. Mientras que en los
Estados que eran gobernados por un príncipe asistido por siervos, el príncipe
goza de mayor autoridad porque en toda la provincia no se reconoce a otro
soberano, sino a él, y si se obedece a otro, sólo se le hace por tratarse de un
ministro o magistrado del príncipe. El gobierno de Darío se parecía mucho al
gobierno Turco en donde había un solo rey, el resto eran los súbditos. En este
caso es más difícil la conquista pero más fácil y prolongado el gobierno, ya
que el objetivo será borrar el recuerdo del gobernante anterior.
Capítulo V
¿De qué modo hay que gobernar en las ciudades principados
que, antes de ser ocupados, se regían por sus propias leyes?.
Hay tres modos de
conservar un Estado que estaba acostumbrado a regirse por sus propias leyes y a
vivir en libertad:
1. Destruirlo
2. Radicarse en él
3. Dejarlo regir por sus leyes, obligándolo
a pagar tributo y establecer un gobierno compuesto por un pequeño número de
personas para que se encarguen de velar por la conquista.
Nada hay mejor para
conservar una ciudad acostumbrada a vivir libre que hacerla gobernar por los
mismos ciudadanos. El único sistema seguro de dominar una ciudad acostumbrada a
vivir libre es destruirla. Quien se haga dueño de una ciudad así y no la
aplaste, debe esperara ser aplastado por ella. Sus rebeliones siempre serán
representadas con el nombre de libertad. El recuerdo de su antigua liberad no
les concede ni un momento de reposo si los habitantes no se separan ni se
dispersan, inmediatamente recurren a cualquier contingencia.
Capítulo VI
De los principados nuevos que se adquieren con las armas
propias y el talento personal
Los hombres siguen
casi siempre el camino abierto por otros y se empeñan en limitar las acciones
de los demás. Todo hombre que sea prudente debe imitar a los que han sido
excelsos, para que, si no los iguala en virtud, por lo menos se les acerque.
Los principados de
nueva creación, son más o menos difíciles de conservar según que sea más o
menos hábil e inteligente el príncipe que los adquiere. El que menos ha
confiado en el azar es el que siempre se ha conservado en su conquista. También
facilita enormemente las cosas el que un príncipe, al no poseer otros Estados,
se vea obligado a establecerse en el que ha adquirido (aquellos que no se
convirtieron en príncipes por azar, sino por sus virtudes).
Las dificultades
nacen de las nuevas leyes y costumbres que se ven obligados a implantar para
fundar el Estado y proveer sus seguridades. No hay nada más fácil de emprender,
ni más dudoso de triunfar, ni más peligroso de manejar que el introducir nuevas
leyes. El innovador se transforma en enemigo de todos los que se benefician con
las leyes antiguas, se consigue la amistad tibia de los que se benefician con
las leyes nuevas.
Capítulo VII
De los principados nuevos que se adquieren con armas y fortuna
de otros
Los que sólo por
suerte se convierten en príncipes y poco esfuerzo necesitan para llegar a
serlo, se mantienen pero con muchísimo trabajo.
Las dificultades se
presentan una vez instaladas. Estos príncipes no se sostienen más que por la
voluntad y la fortuna (mudables e inseguras) de quienes los elevaron y no saben
ni pueden conservar aquella dignidad. No es factible que conozca el arte del
mando ya que han vivido siempre como simples ciudadanos.
Capítulo VIII
De los principados que llegaron al principado mediante crímenes
Primer caso es el que
se asciende al principado por un camino de perversidades y delitos; y después,
el caso en que llega a ser príncipe por el favor de los conciudadanos.
Mal empleadas son las
que, aunque poco graves al principio; con el tiempo antes crecen que se
extinguen. Quien procede de otra manera, por timidez o por haber sido mal
aconsejado, se ve siempre obligado a estar con el cuchillo en la mano, y mal
puede contar a sus súbditos cuyas ofensas continuas y todavía recientes llenan
de desconfianza.
Capítulo IX
Del principado civil
El principado pueden
implantarlo tanto el pueblo como los nobles y los nobles cuando comprueban que
no pueden resistir al pueblo, concentran toda la autoridad en uno de ellos y lo
hacen príncipe, pero el que llega al principado con ayuda de los nobles se mantiene
con más dificultad que el que ha llegado mediante el apoyo del pueblo, porque
los que lo rodean se consideran iguales y se le hace difícil mandarles y
manejarlos como el príncipe quiera.
Estos principados
peligran cuando quieren pasar de principado civil a principado absoluto pues
estos príncipes gobiernan por sí mismos o por intermedio de sus magistrados, su
permanencia es más insegura y peligrosa, porque depende de la voluntad de los
ciudadanos que ocupan el cargo de magistrados los cuales pueden arrebatarle el
poder y el príncipe rodeado de peligros no tiene tiempo para asumir autoridad
absoluta, ya que los ciudadanos y los súbditos, acostumbrados a recibir órdenes
no están en semejantes trances dispuestos a obedecer la suyas.
Capítulo X
Como deben mediarse la fuerzas de todos los principados
Son capaces de
sostenerse a sí mismos los que, o por abundancia de los hombres o de dinero,
pueden levantar un ejército respetable y presentar batalla a quien quiera que
se atreva a atacarlos. Los que no son capaces de presentar batalla al enemigo
en campo abierto. Del segundo caso lo se puede aconsejar a los príncipes que
fortifiquen y establezcan la ciudad en que vivan y se despreocupen por la
campaña. Quien tenga bien fortificada su ciudad difícilmente será asaltada;
porque los hombres son enemigos de las empresas demasiado arriesgadas.
Capítulo XI
De los principados eclesiásticos
En los principados
eclesiásticos existen dificultades antes de poseerlos, se adquieren o por valor
o por suerte, mantiene a sus príncipes en el poder sea cual fuere el modo que
estos procedan o vivan.
Estos son los únicos
que tienen Estados y no los defienden; súbditos no os gobiernan. Pero a pesar
de eso no les son arrebatados y los súbditos no se preocupan, ni piensan, ni
podían situarse a su soberanía. Son los únicos principados seguros y felices.
Capítulo XII
De las distintas clases de milicias y de los soldados mercenarios
Las formas de ataque
y de defensa pueden ser necesarias en cada uno de los Estados antes
mencionados.
Las tropas con las
que un príncipe defiende a sus Estados son propias, mercenarias, auxiliares o
mixtas. Las auxiliares y mercenarias son útiles y peligrosas; el príncipe que
descanse en mercenarios nunca estará seguro ni tranquilo, porque están
desunidos, ambiciosos y desleales, violentos entre los amigos y cobardes cuando
se encuentran frente al enemigo porque no tienen disciplina y durante la paz
despoja a su príncipe tanto como los enemigos durante la guerra. Quieren ser
soldados mientras el príncipe no hace guerra.
Capítulo XIII
De los soldados auxiliares, mixtos y propios
Las tropas auxiliares
son aquellas que se piden a un príncipe poderoso para que nos socorra y
defiende estas tropas pueden ser útiles y buenas para sus amos, pero para quien
las llama casi siempre son funestas; pues si se pierden, queda derrotado, y si
gana, se convierte en su prisionero, todo el que no quiera vencer no tiene más
que servirse de estas tropas, muchísimo más peligrosas que las mercenarias,
porque están perfectamente unidas y obedecen ciegamente a sus jefes, con lo
cual la ruina es inmediata
Capítulo XIV
De los deberes de un príncipe para con la milicia
Un príncipe jamás
debe dejar de ocuparse del arte militar, y durante los tiempos de paz debe
ejercitarse más que en los de guerra; lo cual puede hacer de dos modos: con la
acción y con el estudio. En lo que atañe a la acción debe, tener bien
organizadas sus tropas, dedicarse constantemente a la caza con el objeto de
acostumbrar el cuerpo a las fatigas y de conocer la naturaleza de los terrenos,
tal estudio aprende dos utilidades: primero se aprende a conocer la región
donde se vive para defenderla mejor; después, en virtud del conocimiento de
otra donde sea necesario actuar de manera que el conocimiento de otra donde sea
necesario actuar.
Capítulo XVI
De la prodigalidad y de la avaricia
Estaría bien ser
tenido por pródigo de manera que se sepa que uno se perjudica; y, por otra
parte, si se le practica como se le debe practicar no será conocida y se le
considerará como el vicio contrario. Un príncipe así acostumbrado a proceder
consumirá en tales obras todas sus riquezas y se verá obligado, si desea conservar
su reputación, a imponer excesivos tributos, a ser riguroso en el cobro y hacer
todas las cosas que hay que hacer para procurarse dinero. Lo cual comenzará a
tornarlo odioso.
Un príncipe debe
reparar poco, con tal de que ello le permita defenderse, no robar a los
súbditos, no volverse pobre y despreciable, no mostrarse ladrón, en incurrir en
el vicio de tacaño; porque este es uno de los vicios que le hacen posible
reinar.
Capítulo XVII
De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado
que temido o ser temido que amado
Todos los príncipes
deben desear ser tenidos por clementes y no por crueles. Teniendo en cuenta lo
anterior, si vale, más ser amado que temido o temido que amado, entonces que es
más seguro ser temido que amado. Cuando el príncipe está al frente de sus
ejércitos y tiene que gobernar a miles de soldados, es absolutamente necesario
que no se preocupe si merece fama de cruel, porque sin esta fama jamás podrá
tenerse ejército alguno unido y dispuesto a la lucha.
Como el amar depende
de la voluntad de los hombres y el temer de la voluntad del príncipe, un
príncipe prudente debe apoyarse en lo suyo y no en lo ajeno, pero tratando
siempre de evitar el odio.
Capítulo XVIII
De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas
Nadie deje de
comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada,
que obra con rectitud y no con doblez, pero son precisamente los príncipes que
han hecho menos caso da la fe jurada. Un príncipe debe saber entonces
comportarse como bestia y como hombre; ya que si se ve obligado a comportarse
como bestia, conviene que el príncipe se transforme en zorro y en león, porque
el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse del lobo, los
que solo sirven de las cualidades del león demuestran poca experiencia.
Los hombres son tan
simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que
engaña encontrará siempre a quien se deje engañar.
El tenerlas y practicarlas
siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil. Está bien mostrarse
piadoso, fiel, humano, recto y religioso y asimismo serlo efectivamente; pero
se debe de estar dispuesto a irse a otro extremo si ello fuera necesario.
Capítulo XIX
De qué modo debe evitar ser despreciado y odiado.
Un príncipe debe
temer dos cosas: en el interior, que se le subleven los súbditos; en el
exterior, que lo ataquen las potencias extranjeras. Los estados bien
organizados y los príncipes sabios siempre han procurado no exasperar a los
nobles y, a la vez, tener satisfecho y contento al pueblo.
Un príncipe debe
estimar a los nobles, pero sin hacerse odiar por el pueblo, cuando el príncipe
no puede ser evitado odiado por una de las dos partes, debe inclinarse hacia el
grupo más numeroso, y cuando esto no es posible, inclinarse hacia el más
fuerte.
Capítulo XX
Si las fortalezas, y muchas otras cosas que los príncipes
hacen con frecuencia son útiles o no.
Las armas del pueblo
se convierten en las del príncipe y los que recelan se hicieron felices, los
fieles continúan siéndolo y los súbditos se hagan partidarios.
Hay quienes afirman
que un príncipe hábil debe fomentar con astucia ciertas resistencias para que
al aplastarlas se acreciente su gloria.
Elogiaré tanto a quien
construya fortalezas, como a quien no las construya, pero censuraré todo el
que, confiando en las fortalezas, tenga en poco el ser odiado por el pueblo.
Capítulo XXI
Como debe comportarse un príncipe para ser estimado.
Nada hace tan
estimable a un príncipe como las grandes empresas y el ejemplo de raras
virtudes.
En beneficio del
príncipe el hallar medidas sorprendentes a lo que se refiere a la
administración, el príncipe debe ingeniarse por parecer grande e ilustre en
cada uno de sus actos, cuando el príncipe se declara valiente por una de las
partes, se triunfa aquella a la que se une, aunque sea poderosa y él quede a su
discreción, estarán unidos por un vínculo de reconocimiento y afecto; y los
hombres nunca son tan malvados que, dando una prueba de tamaña ingratitud, lo
sojuzguen; un príncipe nunca debe aliarse con otro más poderoso para atacar a
terceros sino de acuerdo con lo dicho, cuando las circunstancias lo obligan
porque si venciera en su poder, y los príncipes deben hacer lo posible por no
quedar a disposición de otros.
El príncipe se
mostrará amante de la virtud y honrará a los que se distingan en las artes.
Todas las ciudades están divididas en gremios o corporaciones a las cuales les
conviene que el príncipe conceda su atención.
Capítulo XXII.
De los secretarios del príncipe
La elección de los
ministros, será buena o mala según la cordura del príncipe. La primera opinión
que se tiene del juicio de un príncipe se funda en los hombres que lo rodea.
No si son capaces y
fieles, cuando no lo son, no podrá considerarse a un príncipe que el primer
error lo cometa en esta elección.
Para que el príncipe
mantenga constante la fidelidad de un ministro, debe pensar en él, así pueden
confiar unos en otros.
Capítulo XXIII
Como huir de los aduladores.
Un príncipe prudente
debe preferir rodearse de los hombres de buen juicio de su estado, únicos a los
que dará libertad para decirle la verdad, aunque en las cosas sobre las cuales
sean interrogados y sólo en ellas.
Es conveniente que
los buenos consejos vengan de quien vinieren, nazcan de la prudencia del
príncipe y no la prudencia del príncipe de los buenos consejos.
Capítulo XXIV
Porque los Príncipes de Italia perdieron sus Estados.
Si se examina el
comportamiento de los príncipes de Italia que perdieron sus Estados, se
advierte que descuidaron la preparación de sus milicias, tuvieron al pueblo
como sus enemigos, y no cuidaron la relación con los nobles ya que fueron
traicionados. La ineptitud fue el común denominador, como en época de paz nunca
pensaron que podrían cambiar las cosas, cuando se presentaron los problemas
sólo atinaron a huir y no a defenderse.
Capítulo XXV
Del poder de la fortuna en las cosas humanas y en los
medios para oponérsele.
Con la fortuna que se
manifiesta con todo su poder ahí donde no hay virtud preparada y dirige sus
ímpetus allí donde sabe que no se han hecho diques ni reparos para contenerla.
Se ve que los hombres
para llegar al fin que se proponen proceden en forma distinta: uno con cautela,
el otro con ímpetu; uno por la violencia, el otro por la astucia; uno con
paciencia el otro con su contrario; y todos pueden triunfar por medios tan
dispares.
Como la fortuna varia
y los hombres se obstinan en proceder de un mismo modo, serán felices mientras
vayan de acuerdo con la suerte e infelices cuando estén en desacuerdo con ella,
considero que es preferible ser impetuoso y no cauto, porque la fortuna es
mujer y hace preciso si se le quiere tener sumisa golpearla y zaherirla. Y se
ve que se deja dominar por estos antes que por los que actúan con tibieza y
como una mujer, es amiga de los jóvenes porque son menos prudentes y más fogosas
y se imponen con más audacia.
Capítulo XVI
Exhortación a liberar a Italia de los bárbaros
La historia demuestra
que en la riñas y en las pugnas, los ejércitos italianos son superiores en
fuerza, destreza y astucia, pero si fueron derrotados fue por la incapacidad de
sus jefes, porque los capaces no son obedecidos y todos se creen capaces pero
no hay nadie que supiese imponerse por su valor y fortuna y que hiciese ceder a
los demás. Es necesario para liberar a Italia que se tenga ejército propio,
porque eso asegura soldados fieles y sinceros. Así serán mejores cuando vean
que es el mismo príncipe el que les dirige y les trata paternalmente. Tener
ejército que no tema ni a la infantería ni a la caballería, crear una tercera
fuerza que pueda combatir a los españoles y suizos, es la consigna para que
Italia vea por fin a su libertador.
El Príncipe, es una
obra política y filosófica que trata de explicar desde el contexto en que se
escribió (renacimiento) y con ejemplos de referencias históricas los tipos de
gobiernos y las cualidades que deben tener los gobernantes para conseguir,
asegurar y mantener el poder. Abarca los aspectos políticos del entorno y la
forma, métodos y habilidades para gobernar. El gobernante debe encontrar el
punto de equilibrio, evitar ser odiado pero si ser temido ya que en ese
contexto habrá menos posibilidades de ser destronado. Un buen gobierno es aquel
que se maneja con inteligencia y paciencia. Instruye los cuidados a tener en
cuenta para perdurar en el poder y es perfectamente aplicable a nuestro tiempo
actual.
VII.
AGRADECIMIENTO
Agradecemos en primer
lugar a la Universidad César Vallejo por la iniciativa e interés de apertura
los espacios de formación profesional en Posgrado, y de esa manera permitir que
las personas tengamos mayor preparación profesional y seamos más competitivos.
A la plana docente con la que cuenta la Universidad, agrademos en especial al
docente responsable de este módulo y curso “Organización, estructura y
funcionamiento del Estado”, dirigido por el Dr. Rolando Reátegui Lozano, por
las enseñanzas y la oportunidad de despertar el interés en la lectura y analizar
libros de Política Pública.
VIII.
BIBLIOGRAFIA
FERNANDO, D. (11 de septiembre de 2007). diegofgcl.blogspot.pe. Obtenido de diegofgcl.blogspot.pe: http://diegofgcl.blogspot.pe/2007/09/ensayo-de-el-principe-nicolas.html
Machuca, L. D. (jueves 24 de julio de
2008). monografias.com. Obtenido de monografias.com:
http://www.monografias.com/trabajos59/el-principe-maquiavelo/el-principe-maquiavelo.shtml
setronico. (26 de agosto de 2011). clubensayos.com.
Obtenido de clubensayos.com:
https://www.clubensayos.com/Filosof%C3%ADa/Resumen-El-Principe-De-Maquiavelo/50335.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario